La temporada llegó prácticamente a su fin y Javier Nieres continúa en Puerto Deseado con la libreta guardada, sin ingresos y lejos de sus hijos. Durante cuatro meses esperó una oportunidad para embarcar, pero los barcos entraron y salieron del puerto sin que su nombre apareciera en las listas.
No reclama un privilegio. Pide un viaje que le permita llevar un sueldo a su familia. Sin embargo, según denunció, la respuesta que recibió de Rogel, delegado del Sindicato de Obreros Marítimos Unidos de Puerto Deseado, fue tan cruel como inesperada: que regresara a Santa Fe y buscara trabajo en su provincia.
Cuatro meses de espera
Detrás del reclamo existe una situación familiar desesperante. Nieres aseguró que sus hijos permanecen en Santa Fe y que, al no poder enviarles dinero, sobreviven con lo poco que tienen.
“Hace cuatro meses que estoy sin trabajo. Mis hijos están en Santa Fe y hoy están comiendo fideos hervidos porque yo no puedo trabajar. Es triste y detrás de cada marinero hay una familia”, expresó.
Para el trabajador, la recomendación de volver a Santa Fe desconoce por completo su trayectoria y su pertenencia al puerto desde el cual navega desde hace más de una década.
“Soy nacido en Santa Fe, pero hace 16 años que navego desde Puerto Deseado. Tengo dos libretas llenas de embarques en barcos pesqueros y soy parte de este puerto. En Santa Fe no puedo embarcar porque los barcos están acá”, sostuvo.
Dieciséis años de actividad ignorados
Nieres cuenta con los cursos obligatorios, pasaporte y capacitación para desempeñarse tanto en buques pesqueros como mercantes. Su relación con el mar comenzó siguiendo los pasos de su padre, quien trabajó durante 25 años en la actividad.
Pese a su experiencia y formación, asegura que desde la actual conducción de la delegación del SOMU no recibió acompañamiento ni una gestión concreta para conseguir trabajo.
La situación, según relató, no lo afecta solamente a él. En Puerto Deseado permanecen marineros llegados desde Corrientes, Formosa, Misiones, Santa Fe y otros puntos del país que llevan tres o cuatro meses esperando un embarque.
Muchos deben pagar alquiler, comida y estadía sin tener ingresos, mientras la campaña avanza y los buques llegan con sus tripulaciones completas.
“Hay compañeros que venden el auto o la moto para poder venir. Después se les termina la plata, pierden el alquiler y tienen que regresar sin haber hecho un solo viaje. Vemos pasar los colectivos cargados de tripulantes y vemos entrar y salir los barcos, pero nosotros seguimos esperando”, describió.
La bolsa de trabajo bajo la lupa
El trabajador apuntó directamente contra los dirigentes Rodrigo Rogel y Marcelo Flores por el funcionamiento de la bolsa de trabajo. Aseguró que cuando los marineros se presentan en las empresas para solicitar empleo son enviados nuevamente al sindicato, pero una vez allí no encuentran respuestas.
“Uno va a la empresa y le dicen que tiene que hablar con el delegado porque existe una bolsa de trabajo. Después nos enteramos de que mandaron a otra persona y nosotros seguimos esperando”, denunció.
Nieres sostuvo que mientras algunos trabajadores completaron varios viajes durante la temporada, otros no tuvieron siquiera la posibilidad de realizar una marea. En ese sentido, reclamó un sistema de relevos que permita distribuir las oportunidades entre los afiliados que permanecen en tierra.
Una gestión que nunca llegó
Ante la falta de posibilidades en la pesca, el marinero afirmó que le pidió a Marcelo Flores que se comunicara con los referentes nacionales del sector mercante para gestionar una salida laboral en remolcadores, barcos supply u otras embarcaciones.
Según relató, el dirigente se habría negado a levantar el teléfono y le habría respondido que conseguirle un puesto no era parte de su trabajo.
El marinero comparó esta situación con lo que ocurría durante la conducción de Gustavo Barriga. Recordó que cuando ingresaban buques como el API VII, con alrededor de 70 tripulantes, se conseguían plazas para quienes permanecían anotados en la bolsa de trabajo.
“Antes entraba un barco y se embarcaban seis o siete compañeros. La semana pasada ingresaron varias embarcaciones y la delegación de Puerto Deseado no consiguió un lugar para ninguno de los que estamos esperando”, cuestionó.
Para Nieres, la respuesta de que debía volver a Santa Fe no solo desconoció sus 16 años de trayectoria en Puerto Deseado, sino que profundizó el desamparo de un trabajador que acudió al sindicato buscando representación y terminó encontrando una puerta cerrada.
“Si existiera una bolsa de trabajo que funcionara para todos, estaríamos embarcando. Yo solamente pedía un viaje, aunque fuera uno, para poder llevarle algo a mi familia. Pero la temporada terminó y no tuve ni esa posibilidad”, lamentó.
Trabajadoras denuncian discriminación y presuntos abusos
La denuncia también alcanza una dimensión todavía más grave. Nieres habló de trabajadoras marítimas que habrían sufrido discriminación y con la lamentable consecuencia de terminar guardando sus libretas ante la imposibilidad de conseguir un embarque.
Asimismo, Mar&Pesca recogió testimonios de mujeres que relatan presuntos abusos y propuestas indebidas atribuidas al cabecilla local del Somu para acceder a una oportunidad laboral.
Rogel echó a Mar&Pesca y no dio respuestas
Por la gravedad de los señalamientos, Mar&Pesca intentó conocer la otra campana y obtener el descargo de Rogel. Sin embargo, el delegado local desbordado expulsó de manera grosera a esta cronista de la sede sindical, argumentando que se trataba de “un sindicato privado”, y amenazó con llamar a la Policía.
Durante ese intercambio, Rodrigo Rogel se negó a responder las preguntas y no brindó su versión sobre las acusaciones formuladas en su contra.
El referente local del Somu tampoco tuvo respuestas para Javier Nieres, un trabajador marítimo que lleva cuatro meses sin empleo y que solo pedía representación y una oportunidad para volver a la pesca.