La flota que durante años sostuvo buena parte del movimiento de Puerto Deseado no recibió la importancia que merecía. Ese fue el planteo de Eduardo Boiero, presidente de CAPECA, quien en diálogo con Mar&Pesca cuestionó decisiones y conflictos que, a su entender, empujaron a empresas a buscar otros puertos.
Su diagnóstico también incluyó un factor que excede las responsabilidades locales: la ubicación del langostino más al norte, cerca de los puertos de Chubut. Entre ambos problemas, explicó, Deseado quedó ante el desafío de recuperar la confianza de los armadores y aprovechar otras pesquerías.
El derrame se nota cuando los barcos se van
“Puerto Deseado vivía de la flota congeladora”, recordó Boiero. Según sostuvo, durante mucho tiempo se subestimó el aporte de esos buques a la economía local, un impacto que se hizo evidente cuando dejaron de operar en el puerto.
El dirigente mencionó conflictos sindicales, interrupciones de exportaciones y dificultades para cargar contenedores entre los antecedentes que deterioraron las condiciones de trabajo. Su cuestionamiento también alcanzó a políticas de organización que, según consideró, no reconocieron la importancia de esa flota.
“Hubo muchos errores en el pasado”, afirmó. En su lectura, esas situaciones generaron un hartazgo y llevaron a empresas a buscar “lugares más eficientes para trabajar o más tranquilos, con más paz”.
Más lejos del langostino, una marea menos
A ese historial se sumó la distancia al recurso. Boiero explicó que la concentración del langostino más al norte favorece la operación desde Puerto Madryn y encarece, en términos de tiempo, la alternativa de Deseado.
Según su cálculo, operar desde el puerto local puede significar perder una marea durante la temporada. Aclaró que la ubicación del recurso no es responsabilidad de los gremios, las empresas ni los gobiernos.
En ese punto introdujo una posibilidad: que una eventual cuotificación del langostino reduzca la presión por pescar y regresar rápidamente a puerto. Con una cuota asignada, razonó, los buques podrían tener mayor margen para organizar sus operaciones.
Sin embargo, evitó presentar esa expectativa como una solución asegurada. “Yo no lo puedo asegurar”, advirtió. La posibilidad de que ese esquema favorezca las descargas en Deseado dependerá de cómo funcione y de las decisiones de las empresas.
Recuperar confianza y mirar otras pesquerías
Boiero reconoció que los gremios de Puerto Deseado están haciendo un esfuerzo para adecuar tarifas, mejorar la atención y ofrecer mayor eficiencia. Dijo que mantiene contacto con referentes locales y valoró la búsqueda de condiciones que permitan recuperar clientes.
También planteó que el puerto tiene oportunidades más allá del langostino. Mencionó el calamar y la merluza, y señaló que, de acuerdo con las estadísticas que consultó, este año aumentaron las descargas de merluza respecto de otros años.
Ante la observación de que se trata de merluza congelada, defendió su aporte al movimiento portuario. Para Boiero, recuperar la confianza de los armadores de esas flotas es parte del camino que Deseado necesita recorrer.
El dirigente empresarial también destacó el trabajo del grupo Bentónicos, tanto con centolla como con otros productos. Su planteo fue ampliar la mirada sobre las alternativas que pueden sostener actividad en el muelle.
Más volumen también puede bajar el precio
Sobre el balance de 2026, el presidente de CAPECA habló de un año normal de capturas, comparable con 2024, y dejó fuera de esa comparación a 2025 por los conflictos que atravesó la actividad.
Con precios que, según indicó, se mantuvieron en niveles razonables, evaluó la temporada como “razonablemente buena”. Pero advirtió que un aumento del volumen puede afectar las cotizaciones y reducir el margen del negocio.
Por eso puso el eje en el equilibrio entre volumen y rentabilidad. Valoró los acuerdos alcanzados con los gremios al comienzo de la temporada y reclamó sostener el diálogo entre empresas, cámaras, sindicatos y Gobierno. Cuando la industria no funciona, señaló, las consecuencias alcanzan a todos.
El valor agregado también tiene costos
Boiero también intervino en el debate sobre el procesamiento del langostino. Consideró necesario desarrollar productos pelados y desvenados, aunque defendió la continuidad del entero congelado a bordo por su calidad y su aporte de divisas.
Según explicó, los costos laborales argentinos dificultan competir con países como Perú. A la vez, sostuvo que el mayor precio del producto elaborado no necesariamente compensa la reducción del volumen comercializable que implica quitar cabeza y cáscara.
Desde esa perspectiva, propuso combinar ambas modalidades y preservar la pesquería del entero congelado a bordo. Su argumento fue que las decisiones de procesamiento deben contemplar tanto el valor del producto final como los costos y el ingreso total que genera la captura.
Una pesca que necesita venderse mejor
En el plano general, Boiero defendió el manejo pesquero argentino y sostuvo que el sector ya aplica medidas de conservación, trazabilidad y prácticas de economía circular que no siempre logra comunicar.
A su entender, la administración y las empresas cumplen estándares de primer nivel, pero todavía tienen una tarea pendiente al mostrar ese trabajo en los mercados.
“Nos falta vendernos mejor”, resumió. Para el dirigente, esa promoción debe acompañarse con un esfuerzo conjunto para sostener pesquerías sanas y rentables.