El puerto deseadense volvió a poblarse de barcos con el final de la temporada de langostino. Decenas de buques comenzaron a arribar después de sus últimas mareas, aunque esa presencia en los muelles estuvo lejos de traducirse en las descargas que esperaban los trabajadores portuarios.
El regreso tuvo gusto a poco. Salvo el Empesur VIII, que ingresó con 105 toneladas, el resto dejó volúmenes muy bajos y una actividad sostenida principalmente por los desarranches de fin de temporada. Para quienes dependen del trabajo en el muelle, la postal de un puerto lleno de barcos no alcanzó para compensar la falta de carga.
Esa diferencia entre la cantidad de buques amarrados y el movimiento efectivo de materia prima también obliga a mirar con más detenimiento el balance de la zafra. El arribo de la flota forma parte del cierre de sus operaciones, pero por sí solo no permite hablar de una recuperación del puerto.
Más allá de las pomposas gacetillas que difunde el Gobierno, los números muestran la distancia que Deseado mantiene respecto a Puerto Madryn. Al 9 de septiembre, las descargas de langostino en la localidad sumaban 11.663,9 toneladas, mientras que Puerto Madryn contabilizaba 84.485,2. Es decir, el puerto chubutense había recibido más de siete veces el volumen desembarcado en Deseado.
La comparación es brutal y expone el terreno que perdió el puerto local en una actividad central para su economía. La migración del recurso es uno de los factores que condicionan las operaciones, pero no alcanza para dejar fuera de discusión la falta de una política capaz de atraer a las empresas y generar condiciones para que sigan apostando por Deseado.
El desafío no se resuelve con anuncios ni con fotografías de funcionarios sonrientes en el muelle. Se necesitan descargas que generen trabajo y continuidad para quienes viven de la actividad portuaria. El cierre de la zafra volvió a exponer esa distancia entre el discurso y la realidad: numerosos barcos regresaron a Deseado, pero algunos ni siquiera operaron a pleno en la localidad durante la temporada y solo volvieron para el desarranche.
Por la centolla
Con el langostino terminado, la expectativa inmediata pasa ahora por la centolla. Comienza el armado de los buques que participarán de la prospección del recurso, una tarea que abre una nueva instancia de movimiento en el puerto.
Según pudo saber Mar&Pesca, el primero en tomar la delantera será el Dukat, que saldrá con 2.500 trampas. Luego se sumarán el Tango, el Tango II y el Talismán, en los preparativos para la actividad centollera.
Para los trabajadores portuarios, ese movimiento representa la posibilidad de sumar tareas después de un regreso langostinero que dejó poco. La esperanza está puesta en la próxima pesquería, mientras Deseado sigue esperando que la presencia de barcos se traduzca en más trabajo.